¿Lo clásico está de moda?: Los remakes de Disney

En los ocho meses que van del año, Disney recaudó 7.670 millones de dólares con sus películas ya estrenadas, la mayor cantidad jamás lograda en tan solo un año por un estudio de cine. Esta suma de dinero, se debe, en parte, a los remakes hiperrealistas que sumo la compañía a su programación en los últimos años.

La actual tendencia de Disney de reestrenar sus clásicos con películas realistas, se inició en 2010, con Alicia en el País de las Maravillas. Sin embargo, en los 90 ya se llevaron a cabo algunos intentos, el primero fue la versión en formato real de El Libro de la Selva (1994) y después llegaría la recordada película basada en Los 101 Dálmatas (1995-2000).

De ahí en adelante, llegamos a Maléfica, interpretada por Angelina Jolie, La Cenicienta, El Libro de la Selva, la secuela de Alicia, La Bella y la Bestia, Chritopher Robin, Dumbo, Aladdin, y la todavía en cines El Rey León. Sin contar los próximos estrenos, como Mary Poppins, Mulan, La Sirenita, Lilo & Stitch y La Dama y el Vagabundo.

No caben dudas de que el principal factor por el cuál estas películas tienen éxito y el público las sigue eligiendo, es la familiaridad con el nombre. Este plan de Disney no es más que una consecuencia lógica de aprovechar al máximo una serie de espectaculares éxitos de taquilla para seguir aumentando su fortuna y también, una oportunidad para lucir sus nuevas tecnologías.

Lo curioso es que, la productora decide hacer remakes de sus clásicos de animación. Puede que esto se deba a que son sus obras más queridas o conocidas, pero es inevitable pensar en el prejuicio que sostiene que lo animado se relaciona a lo infantil o que, con la aparición de nuevas tecnologías, se haya instalado un desprecio hacia la animación como medio.

La realidad es que hay guiones, efectos especiales, tramas o expresiones faciales que la animación sabe crear mejor que el medio convencional, la magia de la animación reside en su capacidad de favorecer la imaginación, de jugar con lo imposible. No estar de acuerdo con los remakes no es precisamente despreciar a estas nuevas películas, sino respetar a las anteriores.

Algunos ejemplos de esto son, Dumbo, de Tim Burton: La idea de que la historia de un elefante con las orejas suficientemente grandes como para poder volar, funcione con un elefante realista, es ridícula. El Rey León asombró para mal a todos con la animación hiperrealista, y para colmo no ofrece nada nuevo a la historia. Estas películas ni siquiera otorgan un nuevo punto de vista, no dan un giro inesperado sobre las historias que ya conocemos, sino que son copias exactas y prescindibles.

Disney podría aprovechar la oportunidad de deshacerse de los elementos más polémicos que identifican a sus películas, por ejemplo, intentar modernizar los clásicos cuentos de hadas que fomentan estereotipos de género. Sin embargo, las historias siguen siendo las mismas: príncipes azules, amores inmortales, clasismo y relaciones tóxicas.

A pesar de todo, nos guste o no la idea, Disney encontró el oro en los remakes y los seguirá haciendo hasta que deje de darles dinero. El público parece estar bastante feliz y conforme con esta idea, por lo que tendremos que acostumbrarnos a seguir viendo viejos clásicos en las carteleras.

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